VEINTE AÑOS DE TLAXCALA CON SU FIT PARA ALEGRIA DE TODOS.
El Festival Internacional de Títeres de Tlaxcala cumple ya sus veinte años, no es un proyecto, es una realidad que se espera año con año para compartir, presentarse, observar y conocer más del mundo de los títeres y de los titiriteros. Un proyecto que dió inicio a mediados de los ochenta del siglo pasado por un Ingeniero que no quiso dedicarse a su carrera y prefirió esta otra carrera maratónica de muñecos: Alejandro Jara, quien después de haber estudiado en la universidad y cursar una maestría en Paris se dá cuenta que su amor estaba en los títeres, tiene un sueño: realizar un festival y ¿por qué no?, un museo en la cuna de la familia Aranda, raíz de los mas representativos muñecos de México, ahí, en Huamantla, Tlaxcala.
Los primeros festivales tenían también concursos de dramaturgia para niños, concurso de elaboración de títeres, eran pocas sedes y pocas representaciones, siendo una extensión, en algunas ocasiones, del Festival del títere organizado por el IMSS en la ciudad de México. Pasando los años empezó a crecer con sus representaciones en múltiples espacios de municipios y comunidades que poco a poco lo han sentido como propio, llegando incluso en unos años a recorrer casi la totalidad del Estado
No podemos dejar de mencionar en estos veinte años a Raquel Bárcenas que con su entusiasmo continuó por 1991 la organización de este Festival y la dirección del Museo, tomando tiempo después la estafeta el antropólogo Juan Carlos Ramos, apoyado fuertemente por Gerson Orozco, un tiempo después lo retoma Alejandro Jara y ahora este 2005 como coordinador Miguel Angel Castro, teniendo en su equipo a Gerson Orozco, Leticia Padilla, Fausto Hernández, Edith López., Alejandra Castro entre mucho otros.
Estos cambios se han sucedido por muchas circunstancias y una de ellas es, como pasa en todo México, por el cambio sexenal, las políticas del gobernante en turno de analizar y decidir si lo que se ha venido realizando a lo largo de los años debe o no continuar o mejor destruir lo anterior y partir desde cero: Destruir equipos de trabajo para colocar los propios. Este Festival Internacional donde se aprecia un flujo constante de público que abarrota las salas para asombrarse y no perder esa capacidad de diversión a pesar de las lluvias constantes parecidas al diluvio, unos técnicos entregados en cuerpo y alma para solucionar cualquier tipo de falla, una organización que acepta si tiene fallas y trata de corregirlas. Todo eso y más debe de bastar para que a las autoridades no se les ocurra pensar ni por asomo darle carpetazo a uno de los mas importantes foros de expresión que tenemos los artistas dedicados a los títeres. Un foro que es orgullo de los Tlaxcaltecas y lo comparte con los mexicanos de todos los rincones, un festival que es conocido internacionalmente y que dentro de él han desfilado innumerables compañías reconocidas en el mundo. Tlaxcala está comenzando un nuevo gobierno sexenal y esperamos que sus autoridades sean conscientes, respetuosas, inteligentes y generosas para apoyar fuertemente este evento y podamos verle cumplir treinta años o más.
Este año la estrategia fue darle fuerza a la ciudad de Huamantla como en años anteriores lo fue a la capital, el haber adelantado las fechas para que no coincidieran con las Ferias del pueblo lo consideramos un acierto ya que se evita un desgaste entre estos eventos. El objetivo se cumple a raudales como es el promover el Museo, fortalecer la presencia de grupos locales y presentar trabajos de calidad a los tlaxcaltecas.
El museo es ampliamente conocido, el tener veinte grupos locales de titiriteros en el estado más pequeño del país es un indicador de aprobación y el llegar a 14 municipios en casi treinta sedes creemos que es loable.
Mas sin embargo, flota algo en el ambiente del festival, entre los participantes locales, nacionales y foráneos que es el tiempo de compartir, de debatir, de estar. Debido a la logística del festival ha sido difícil el poder observar la participación de otros grupos y tener un momento de reflexión o acercamiento con los compañeros.
En nuestro caso viajamos casi 16 horas desde nuestra ciudad bajo condiciones climáticas adversas y no queríamos desaprovechar ningún momento para ver a los compañeros y decidimos permanecer otros dos días más y así tuvimos la fortuna de ver “El Caballero de la Mano de Fuego” puesta por el grupo Manchicuepa de Huamantla, esta obra poética del argentino Villafañe le tocó en suert,e diríamos que muy mala, presentarse en el atrio de una iglesia el mismo día de la celebración de la virgen patrona del municipio de Santa Ana, así que veíamos un circo de tres pistas donde nadie quería ceder, por un lado el cura celebrando misa dentro de la iglesia, una banda que tocaba las mañanitas a la virgen, las personas encargadas de encender los cohetes y fuegos artificiales para la celebración y por otro lado la representación del Caballero..., surrealismo puro. Afortunadamente los cohetes encendían cuando la pelea del caballero contra el diablo y teníamos unos efectos especiales tremendos, al despertar la princesa las campanadas daban sus sonidos. La técnica escogida fue la marioneta que hizo que la obra se alentara y perdiera ritmo en ciertos pasajes, se añadieron textos en verso pero no concordaba con la poesía original del texto. Un esfuerzo notable en esas circunstancias,
El colectivo El Tlakache de Jalisco nos presentó su espectáculo “Miró”, trabajo que les encargaron en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara cuando ésta fue dedicada a Barcelona , basada en un texto para niños donde cinco manchas de pintura huyen del estudio del pintor y debe buscarlas por cielo, mar y tierra, adaptación de Ihonatán Ruiz, diseño y dirección de Leonardo Santillán. Como siempre nos sorprende la plástica de este grupo y ahora trabajando con música electrónica. Un trabajo muy bello, poético que tiene por instantes un desdoblamiento de los actores que rompe con la poesía del espectáculo. Un trabajo que vale la pena volver a ver
Danny y Dess de Bulgaria trajeron “La Princesa Gotita”, nos lo describen como un trabajo experimental. La escenografía es ingeniosa y el diseñador Atanas presume de sus conocimientos de ingeniería, un cilindro que en su interior tiene otros dos cilindros de tela transparente para cambiar escenarios y ahí dentro se encuentra la titritera, manipulando títeres de varillas, y apoyándose en luz negra, un espacio ingenioso pero a la larga es sofocante, asfixiante. Tania es una excelente actriz-titiritera ya conocíamos otro trabajo apoyado mas en la palabra y ahora es totalmente visual, solo en algunos fragmentos se nota que faltarían otras manos para poder dar mas ritmo a la obra.
Manicomio de muñecos con su “Ricitos de Oro”, manipulación a la vista, títeres de mesa y basado fuertemente en el narrador actor, fórmula que les funciona y que utilizan también en “Los Tres cerditos” que presentaron en otra ocasión en este festival. El público se entrega y los niños se identifican, pero nosotros, a la distancia nos preguntamos por qué los protagonistas de ambos espectáculos son niños mal portados que desobedecen a sus mayores y siempre se salen con la suya.
Tinglado tiene una fama adquirida por sus espectáculos “Informe Negro” y “Clotario Demoniax” con las que han viajado por distintas partes del mundo. Esta vez han estrenado en este festival su obra “El mil usos” con mas de treinta títeres de guante en escena y muchos cambios de escenografía. En la función se ha notado a la obra le falta madurar, ya que tiene problemas de ritmo. El espectáculo programado para participar realizar en Octubre en el programa de Teatro Escolar dirigido a estudiantes de Secundaria y su director Pablo Cueto tiene confianza que para esas fechas logrará su cometido. Lástima que en un festival internacional no lo haya hecho ya, creemos que será necesario mas ensayo y ajustes tanto al texto como a las actuaciones.
“Son de Mentiras” del grupo local Malintzi, bajo la dirección de Gerson Orozco fue una bella y sorprendente sorpresa, una frescura de espectáculo donde se nota que los titiriteros están divirtiéndose al realizar su trabajo y nos contagian a los espectadores. Dos músicos en vivo tocando Sones jarochos, muñecos pequeños bailando el son y contándonos la historia de Juanita y Honorio, novios que son separados por el presidente municipal. El novio es encerrado en una prisión y luego vemos una deliciosa reminiscencia del Conde de Montecristo en su escape. Pero la gracia, la sencillez de la historia y de los personajes hacen que nosotros, el pueblo, nos sintamos identificados con la música y los títeres.
Lamentamos habernos perdido la ceremonia de entrega del premio por trayectoria que otorga el Museo que en esta ocasión muy bien merecida se le dió a Carlos Converso.
Nuevos planes y otras 20 horas de recorrido hasta Monterrey, con escala en Querétaro debido a problemas mecánicos, nos dan la oportunidad de seguir comentando y comentando los veinte años de Tlaxcala. Y de paso conocer el espacio “La Cartelera” y charlar con Franco Vega sobre la recién formada Unima a cuyo congreso no pudimos asistir físicamente por haber coincidido en fechas con el Festival de Tlaxcala.